
Después de una cirugía, tu cuerpo está en pleno proceso de reconstrucción. No solo estás perdiendo peso, estás sanando.
En este camino, el agua no es un extra; es tu combustible principal.
Mantenerte bien hidratado es la clave para que tu digestión fluya sin molestias, tu piel recupere su elasticidad natural y
tu ánimo se mantenga bien arriba.
Cuando tomás agua, ayudás a tu metabolismo a trabajar mejor y evitás esa sensación de cansancio falso que a veces es solo sed encubierta.
Plan Semanal: Construí el hábito paso a paso
Día 1 y 2: El poder del recordatorio
Tu cerebro tiene mucho en qué pensar ahora. Ayudalo poniendo alarmas en tu celular cada una hora. El objetivo no es "un vaso", sino 3 a 5 sorbos conscientes.
Día 3 y 4: Sabor con propósito
Si el agua sola te aburre, dale un toque de frescura. Agregá rodajas de limón, pepino o unas hojas de menta. Evitá a toda costa las bebidas con gas o azucaradas.
Día 5 al 7: Tu botella es tu sombra
Llevá tu botella a todos lados: al living, a la oficina, en el auto. Si la ves, tomás. Que se convierta en tu accesorio indispensable.
¡Cuidá tu proceso, te lo merecés!
Infusiones permitidas (y sus beneficios)
Té de Manzanilla: Ideal para después de las comidas. Ayuda a desinflamar el sistema digestivo y te mantiene relajado.
Té de Jengibre (suave): Si sentís alguna molestia estomacal o náuseas leves, unas rodajas de jengibre en agua caliente son mágicas.
Infusión de Menta: Súper refrescante.
Coordinadora de Equipo:
Carol Rocio Alba Cañon
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